Tenía que caminar un promedio de 4 a 5 cuadras de proporciones algo grandes hasta llegar al Jr. Zorritos (que es paralela a la Av. Colonial, pues el condominio tenía entrada en ambos lados).
Lo primero que vi, fue toda una escena. Un “pata” estaba siendo intervenido por un policía y a su costado había una camioneta Toyota Hilux (obviamente de la PNP). Yo asumí que era un ladrón, cosa que no importaba en ese momento ya que, fuese lo que fuese, estaba siendo intervenido por un policía. El estar allí parado, en Breña, y sobre todo a esa hora, ya te provoca una sensación de terror, miedo y angustia. Me imagino ahora qué hubiera pasado si no hubiera estado allí la Policía.
La escena ocurría justo por donde debía pasar. La zona se veía terrible, pasé la camioneta y había otro policía dentro, miré las cuadras por las que debía caminar y…ni cagando paso por allí. Prácticamente, deber de la Policía es protegerme, así que no lo dude en lo más mínimo. Volví y me dirigí hacia la camioneta.
-Disculpe oficial-dije con una voz infantil y miedosa a la vez, como si fuera un niño perdido-, me da miedo ir por acá, no sé si me podrían llevar unas cuadras más allá, en Zorritos, acá no más a unas cuadras.
-Mira, ahorita estamos en una intervención-dijo, parecía que esto era para él una cosa de todos los días-, pero anda no más, yo te chequeo desde aquí.
Recuerdo haberle dicho “ya, gracias”, pero lo menos que quería era seguir caminando por la Av. Tingo María. Así que volví a caminar (muy lentamente, pensando que en algún momento el policía me llevaría a mi casa) en dirección a mi casa. Me di cuenta que en las siguientes dos cuadras el policía fácilmente me perdería de vista, ya que al terminar esta cuadra, la siguiente se tornaba un poco hacia la izquierda.
Terminé la cuadra, cruce y segundos después de empezar la otra escuché que la camioneta se acercaba. Por favor para, por favor para.
-¡Oye, sube!-
-Gracias.-dije todo emocionado.
Ahora me sentía protegido, estaba en una camioneta de la Policía con dos policías que me llevarían a mi casa. Me senté en la parte trasera, recuerdo que había una bolsa negra cuando subí. Los dos policías estaban adelante y parecían estar atentos a algo, pero también se les notaba muy tranquilos.
-¿Qué haces por acá a estas horas?- dijo el policía piloto.
-Vengo de estar con unos…
-Mira allí, allí huevón- me interrumpió el policía copiloto (digamos policía 2).
-Ya, ya-
¿Qué pasa?
…
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lunes, 28 de septiembre de 2015
sábado, 26 de septiembre de 2015
RELATO: Lima en dos (Parte 1)
Ahora que regresé a vivir a Lima este año, que es realidad es como si fuera la primera vez, porque no recuerdo mucho esos 3 primeros años de mi vaga vida, me pregunto: ¿Por qué Lima es tan linda y fea a la vez?
¿Lima es Larcomar? ¿Lima es el Marriott? Sí, pero también es el caos del centro de Lima (es en serio, yo vivo por ahí no jodan), los cerros de San Juan de Lurigancho (más que los cerros, las personas pobres que viven allí) y el temor de pasar por distritos como La Victoria o Breña (que está a unos pasos de mi casa).
Hace poco más de un mes fui con 4 amigos a Larcomar, estuvimos hasta la 1 a.m. y luego nos fuimos a caminar por Miraflores. Había buena cantidad de personas, sobre todo en el Parque Kennedy (muchos extranjeros a los cuales me hubiera gustado entender lo que decían). Gente que se veía feliz, como si al día siguiente fueran a divertirse de la misma manera y al siguiente, y al siguiente también. Las calles limpias, las personas educadas, restaurantes iluminados formaban un bello panorama, que sinceramente daba gusto ver. Todos caminaban tranquilamente.
Eran las 2:00 a.m. y mi mami me reventaba el celular. ¿Ya vienes? ¿Dónde estás? Si mamá. Ya voy. Oye brother, me quito. ¿Te quitas? Sí huevón.
Ahora que recuerdo fue un viernes, un día después de mi cumpleaños.
Cogí un bus que iba toda la Av. Arequipa y me dejaba entre Paseo Colón y la Av. Garcilaso de la Vega (Ex Av. Wilson, no sé porque mierda les cambian los nombres).
Llegué. Eran aproximadamente las 2:30 a.m. (llegué rápido, pues no había tráfico). Estaba en el Cercado de Lima. En Paseo Colón pasaban 2 rutas diferentes de buses que me dejaban entre la Av. Tingo María y la Av. Oscar R. Benavides (Ex Av. Colonial), donde queda el condominio donde vivo.
Ahora que justo estoy escribiendo esto, me doy cuenta que solo pasaban las rutas que venían desde Chosica: la que llegaba hasta la Plaza Dos de Mayo (donde pude haberme ido, ya que luego me bajaba y tomaba un combi hasta el condominio, pero estaba seguro que a esa hora no habría ninguna combi, y lo que sí podría haber eran drogadictos, rateros, homosexuales o travestis) y las que se iban por la Av. Arica y que luego entraban a la Av. Venezuela (y llegan hasta la Av. Faucett, me parece).
Me daba miedo estar allí parado, totalmente solo, había una familia a unos metros que me daban algo de tranquilidad. Ese día me di cuenta de lo tacaño que soy. Tenía dinero en el bolsillo, unos quince soles, aproximadamente. Un taxi me cobraría unos seis o siete soles, pero calculando unos diez soles, por lo tarde que era (allí en el Cercado de Lima, pues en Miraflores no lo parecía).
Vi el reloj, eran las tres. Llevaba media hora parado como cojudo esperando un bus de mierda que nunca iba pasar. Me harté, ni siquiera había policías o los inútiles del serenazgo. Subí al bus que iba por la Av. Venezuela, me dejaría en la Av. Tingo María y solo tenía que caminar unas 4 cuadras (grandes).
Bajo en Tingo María (el cobrador me miró raro). Tingo María, Tingo María bajan.
De pronto, ya no estaba envuelto en la cierta tranquilidad que me brindaba estar dentro del bus (que era una coaster en realidad). Estaba en Breña.
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