Noté que empezando la siguiente cuadra había dos personas sentadas en la acera. Eran jóvenes. Les calculé 18 y 14 años (o al menos por ahí, esa “noche” estaba “traumado” o al menos lo empezaba estar), se veían muy sucios, vagos, parecían estar tranquilos, como si no notasen que están en una zona peligrosa. Note que ellos eran el peligro.
Nos detuvimos junto a ellos.
-¿Qué mierda hacen a acá a esta hora, ah?-dijo el policía 2 y bajó.
Felizmente a mi no me hablaron así.
-Nada jefe, vivimos por aquí-
-A ver qué tienen allí-
El policía se acercó y los palpó ágil y agresivamente, esto me hizo recordar la forma como lo vi palpar al primer señor intervenido. ¿Se puede hacer esto? Me pronto ya no me sentía tan seguro (y eso que apenas habíamos pasado una cuadra). ¿Y si vienen más? ¿Y si están armados? Pensaba esto porque a veces la Policía es tan estúpida, en fin… Aunque esos policías parecían estar bien preparados, sus voces tenían un toque muy peruano y ligeramente callejero, algo que me hubiese hecho sentir más en confianza si no fuese por ese temor que llevaba dentro.
-Váyanse de aquí-
“Estaban limpios”, por decirlo así. Yo estaba allí, asustado, pero ahora iríamos a mi casa, a 3 cuadras de allí. Pensé entonces que esos chicos pudieron haber estado consumiendo drogas, pero no solo ellos sino también el primer señor. Mi corazón latía fuerte y rápido y mis manos empezaban a sudar…
Al fin, a mi casa…
No era así exactamente. Tan jodida es la zona que acabando la esa cuadra, al frente, habían dos bultos allí, sentados, despreocupados (¡cómo si la zona no fuera peligrosa y yo sentado de miedo!), sus descripciones eran parecidas a los intervenidos hace menos de un minuto, uno era menor que el otro.
Tamare, primero llévenme a mi casa, por favor.
-Oe, ¿y ustedes qué hacen ahí?-dijo el policía 2 alzando la voz e imponiendo absoluta autoridad.
-Ya nos vamos, vivimos por aquí no más-dijo el mayor.
Esto me parecía una obra de teatro, donde yo era el espectador (que observa los actos “heroicos” de dos policías ante la delincuencia juvenil), pues las dos escenas se veían tan parecidas e incluso me incluyo pues, seguía asustado. Como ha de ser de costumbre para ellos, el policía bajo y los revisó. Yo no conozco exactamente las leyes peruanas (aunque lo mismo da porque nunca se respetan), pero me parecía justo e injusto a la vez que los trataran como sospechosos de algo, quizá por sus apariencias p oco amigables. Justo, porque en realidad si parecían delincuentes y además la zona estaba solitaria y era Breña, también quizá por la “costumbre” (algo que imagino) de encontrar delincuentes, borrachos o coqueros a esa hora en el distrito de Breña. E injusto simplemente por el hecho de que literalmente no habían hecho nada.
-Mira esta huevada- dijo y se la alcanzo al policía dentro de la camioneta.
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martes, 29 de septiembre de 2015
lunes, 28 de septiembre de 2015
RELATO: Lima en dos (Parte 2)
Tenía que caminar un promedio de 4 a 5 cuadras de proporciones algo grandes hasta llegar al Jr. Zorritos (que es paralela a la Av. Colonial, pues el condominio tenía entrada en ambos lados).
Lo primero que vi, fue toda una escena. Un “pata” estaba siendo intervenido por un policía y a su costado había una camioneta Toyota Hilux (obviamente de la PNP). Yo asumí que era un ladrón, cosa que no importaba en ese momento ya que, fuese lo que fuese, estaba siendo intervenido por un policía. El estar allí parado, en Breña, y sobre todo a esa hora, ya te provoca una sensación de terror, miedo y angustia. Me imagino ahora qué hubiera pasado si no hubiera estado allí la Policía.
La escena ocurría justo por donde debía pasar. La zona se veía terrible, pasé la camioneta y había otro policía dentro, miré las cuadras por las que debía caminar y…ni cagando paso por allí. Prácticamente, deber de la Policía es protegerme, así que no lo dude en lo más mínimo. Volví y me dirigí hacia la camioneta.
-Disculpe oficial-dije con una voz infantil y miedosa a la vez, como si fuera un niño perdido-, me da miedo ir por acá, no sé si me podrían llevar unas cuadras más allá, en Zorritos, acá no más a unas cuadras.
-Mira, ahorita estamos en una intervención-dijo, parecía que esto era para él una cosa de todos los días-, pero anda no más, yo te chequeo desde aquí.
Recuerdo haberle dicho “ya, gracias”, pero lo menos que quería era seguir caminando por la Av. Tingo María. Así que volví a caminar (muy lentamente, pensando que en algún momento el policía me llevaría a mi casa) en dirección a mi casa. Me di cuenta que en las siguientes dos cuadras el policía fácilmente me perdería de vista, ya que al terminar esta cuadra, la siguiente se tornaba un poco hacia la izquierda.
Terminé la cuadra, cruce y segundos después de empezar la otra escuché que la camioneta se acercaba. Por favor para, por favor para.
-¡Oye, sube!-
-Gracias.-dije todo emocionado.
Ahora me sentía protegido, estaba en una camioneta de la Policía con dos policías que me llevarían a mi casa. Me senté en la parte trasera, recuerdo que había una bolsa negra cuando subí. Los dos policías estaban adelante y parecían estar atentos a algo, pero también se les notaba muy tranquilos.
-¿Qué haces por acá a estas horas?- dijo el policía piloto.
-Vengo de estar con unos…
-Mira allí, allí huevón- me interrumpió el policía copiloto (digamos policía 2).
-Ya, ya-
¿Qué pasa?
…
Lo primero que vi, fue toda una escena. Un “pata” estaba siendo intervenido por un policía y a su costado había una camioneta Toyota Hilux (obviamente de la PNP). Yo asumí que era un ladrón, cosa que no importaba en ese momento ya que, fuese lo que fuese, estaba siendo intervenido por un policía. El estar allí parado, en Breña, y sobre todo a esa hora, ya te provoca una sensación de terror, miedo y angustia. Me imagino ahora qué hubiera pasado si no hubiera estado allí la Policía.
La escena ocurría justo por donde debía pasar. La zona se veía terrible, pasé la camioneta y había otro policía dentro, miré las cuadras por las que debía caminar y…ni cagando paso por allí. Prácticamente, deber de la Policía es protegerme, así que no lo dude en lo más mínimo. Volví y me dirigí hacia la camioneta.
-Disculpe oficial-dije con una voz infantil y miedosa a la vez, como si fuera un niño perdido-, me da miedo ir por acá, no sé si me podrían llevar unas cuadras más allá, en Zorritos, acá no más a unas cuadras.
-Mira, ahorita estamos en una intervención-dijo, parecía que esto era para él una cosa de todos los días-, pero anda no más, yo te chequeo desde aquí.
Recuerdo haberle dicho “ya, gracias”, pero lo menos que quería era seguir caminando por la Av. Tingo María. Así que volví a caminar (muy lentamente, pensando que en algún momento el policía me llevaría a mi casa) en dirección a mi casa. Me di cuenta que en las siguientes dos cuadras el policía fácilmente me perdería de vista, ya que al terminar esta cuadra, la siguiente se tornaba un poco hacia la izquierda.
Terminé la cuadra, cruce y segundos después de empezar la otra escuché que la camioneta se acercaba. Por favor para, por favor para.
-¡Oye, sube!-
-Gracias.-dije todo emocionado.
Ahora me sentía protegido, estaba en una camioneta de la Policía con dos policías que me llevarían a mi casa. Me senté en la parte trasera, recuerdo que había una bolsa negra cuando subí. Los dos policías estaban adelante y parecían estar atentos a algo, pero también se les notaba muy tranquilos.
-¿Qué haces por acá a estas horas?- dijo el policía piloto.
-Vengo de estar con unos…
-Mira allí, allí huevón- me interrumpió el policía copiloto (digamos policía 2).
-Ya, ya-
¿Qué pasa?
…
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